Desde mediados del siglo XX, la categoría de proyección folklórica, formulada por Augusto Raúl Cortázar, ha sido una de las herramientas conceptuales más importantes para pensar la presencia del folklore en los escenarios. Su formulación permitió distinguir el hecho folklórico de aquellas manifestaciones que, inspiradas en él, circulan fuera de las comunidades donde nacieron.
Cortázar definía la proyección folklórica como la difusión de las manifestaciones folklóricas en contextos diferentes a los de su origen. Manuel Dannemann amplió esta idea al definirla como una "difusión folklórica con sus diversas alternativas de temática y de procedimientos comunicativos y mostrativos; por lo general concerniente a presentaciones en las cuales prevalecen los cantos y los bailes, en algunas oportunidades insertos en una escenificación ambiental".
Estas definiciones fueron fundamentales para comprender el desarrollo de los ballets folklóricos latinoamericanos. Sin embargo, las transformaciones de las prácticas escénicas contemporáneas invitan a preguntarse si esa categoría continúa siendo suficiente.
El caso argentino
La situación argentina presenta una particularidad.
Gran parte de las danzas que hoy denominamos folklóricas no llegaron hasta nosotros por una transmisión comunitaria continua. Muchas fueron recopiladas, estudiadas y sistematizadas por investigadores como Carlos Vega, Andrés Chazarreta, Juan Alfonso Carrizo y el propio Augusto Raúl Cortázar.
Esto significa que la enseñanza de la chacarera, el gato, la zamba, el triunfo o la media caña se realiza, en la mayoría de los casos, a partir de versiones reconstruidas mediante investigaciones históricas y etnográficas.
En consecuencia, una pregunta se vuelve inevitable:
¿La danza folklórica que hoy bailamos corresponde al hecho folklórico o ya constituye una forma de proyección?
La respuesta no resulta sencilla.
Si seguimos estrictamente la definición de Cortázar, gran parte de la práctica escénica argentina pertenece al campo de la proyección folklórica, ya que ocurre fuera del contexto comunitario original y mediante procesos de enseñanza institucional.
Sin embargo, el problema contemporáneo no termina allí.
Cuando la escena deja de proyectar
Las obras actuales ya no buscan únicamente representar una tradición.
Muchos creadores utilizan el folklore como un archivo corporal, una memoria sensible y un territorio simbólico desde el cual investigar preguntas sobre el presente.
En estas prácticas, la chacarera deja de ser solamente una danza para convertirse en una forma de pensar el territorio, la violencia, la memoria, el deseo, las identidades y los vínculos comunitarios.
Richard Schechner afirma que toda performance constituye una "conducta restaurada": acciones heredadas que siempre vuelven transformadas.
Diana Taylor sostiene que el cuerpo funciona como un archivo vivo donde la memoria cultural se transmite mediante acciones.
Erika Fischer-Lichte entiende la escena como un acontecimiento de transformación y no simplemente como una representación.
Estas perspectivas permiten comprender que el folklore puede ser también una práctica de investigación artística.
Santiago del Estero como laboratorio escénico
Santiago del Estero ofrece un ejemplo privilegiado para pensar esta discusión.
La producción escénica desarrollada por Juan Saavedra marcó profundamente la historia de la danza argentina. Sus obras no se limitaron a representar el folklore tradicional. Incorporaron teatralidad, ritualidad, imágenes poéticas, percusión corporal y una intensa investigación sobre el cuerpo y la espiritualidad.
Aunque frecuentemente fue ubicado dentro de la proyección folklórica, su producción excede esa definición. Lo que aparece en escena ya no es solamente la difusión de una tradición, sino la construcción de una poética escénica propia.
Algo semejante ocurre con el trabajo de Omar Silva y la compañía Danza Así.
Su producción parte claramente de la danza folklórica santiagueña, pero incorpora procedimientos de composición contemporánea, dramaturgia, investigación corporal y una búsqueda constante de nuevos lenguajes. El folklore no desaparece; se transforma en materia de creación.
Esta característica puede observarse también en numerosos grupos independientes de Santiago del Estero. La escena santiagueña dialoga con el teatro, la performance, la danza contemporánea y las artes visuales sin abandonar sus raíces culturales.
Quizás sea justamente allí donde la categoría de proyección folklórica comienza a mostrar sus límites.
Hacia unas artes escénicas de raíz folklórica
Proyectar supone trasladar una manifestación desde un contexto de origen hacia otro espacio de exhibición.
Pero muchas obras actuales ya no proyectan una tradición.
La investigan.
La interrogan.
La fragmentan.
La ponen en tensión con los conflictos del presente.
Por ello, proponemos pensar estas prácticas como artes escénicas de raíz folklórica.
Esta categoría no reemplaza a la proyección folklórica. La incluye, pero reconoce un campo más amplio.
Las artes escénicas de raíz folklórica utilizan los saberes tradicionales como materiales de creación y no únicamente como patrimonio para representar.
Su objetivo ya no es conservar una forma de baile, sino producir conocimiento mediante el cuerpo.
Quizás la pregunta ya no sea:
¿Esto es folklore?
Ni siquiera:
¿Esto es proyección folklórica?
La pregunta contemporánea podría formularse de otra manera:
¿Qué produce la escena cuando pone en diálogo las memorias del folklore con las preguntas del presente?
Responder esta pregunta implica reconocer que la tradición no permanece viva porque se repite exactamente igual, sino porque encuentra nuevas formas de existir.
Tal vez sea tiempo de ampliar nuestras categorías teóricas.
No para abandonar el legado de Augusto Raúl Cortázar o Carlos Vega, sino para continuar el camino que ellos mismos iniciaron: pensar críticamente las transformaciones de la cultura.
Definiciones
Hecho folklórico: Manifestación cultural viva, colectiva y transmitida dentro de una comunidad (Augusto Raúl Cortázar).
Danza folklórica: Danzas tradicionales pertenecientes al patrimonio cultural de un pueblo. En Argentina, muchas de ellas fueron conocidas mediante procesos de recopilación, reconstrucción y enseñanza.
Proyección folklórica: Difusión y recreación artística de manifestaciones folklóricas fuera de su contexto original (Augusto Raúl Cortázar; Manuel Dannemann).
Estilización folklórica: Elaboración escénica que transforma el lenguaje tradicional mediante recursos técnicos y compositivos de la danza académica.
Folklore fusión: Cruce entre el folklore y otros lenguajes coreográficos o musicales.
Etnocontemporáneo: Corriente que investiga las memorias culturales desde herramientas de la danza contemporánea.
Artes escénicas de raíz folklórica (propuesta): Prácticas escénicas que toman el folklore como archivo corporal, memoria cultural y materia de creación, produciendo nuevas dramaturgias sin reducirse a la representación o difusión de la tradición.
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