lunes, 25 de agosto de 2025

CRISTINA LIBRE – Muestra colectiva del Norte Grande. Obra de Luciana Torres

CRISTINA LIBRE – Muestra colectiva del Norte Grande.Arte como trinchera en defensa de la democracia, los derechos y la memoria. 

inaugurada ayer 22 de agosto en el Atelier Cultural de Ciudad de Banda, Av. Besares y Garay, La Banda – Santiago del estero, una exposición de obras de pequeño formato.

La muestra reúne obras de artistas de Chaco , Corrientes ,Formosa misiones, Tucumán, Santiago del estero.
curaduría de Mariana Aranda.


“El amor libre / tu nombre, el que soñaste”: estas frases, bordadas con hilos y afecto, configuran el corazón poético y político de la obra de Luciana Torres. No se trata solo de una composición visual, sino de un manifiesto íntimo, construido puntada a puntada, donde el lenguaje, el color y la forma se entrelazan para afirmar una identidad en resistencia y celebración.

El bordado, tradicionalmente vinculado al mundo doméstico y femenino, se resignifica aquí como una herramienta de militancia afectiva. En las manos de la artista, este medio adquiere un nuevo espesor simbólico: bordar es enunciar, es sostener con el cuerpo una declaración de amor propio y libertad identitaria.

La frase "tu nombre, el que soñaste" resuena profundamente en contextos de transición de género, renombramiento y autodefinición. Invoca el derecho —radical y tierno— de cada persona a nombrarse desde el deseo, no desde la norma. Es un gesto de soberanía simbólica: elegir el propio nombre es reescribir la narrativa del yo.

Los corazones bordados con los colores de las banderas LGBTQ+ y trans no son simples adornos; son símbolos de resistencia, afecto y visibilidad. Rodean la silueta de un rostro femenino de perfil —fuerte, introspectivo, ensoñado— que parece emerger de un paisaje interior, habitado por memoria, deseo y afirmación.

El uso de la técnica manual añade una dimensión táctil y amorosa. A diferencia de lo digital o lo impreso, el bordado exige tiempo, cercanía, repetición. Cada hilo traza una línea de cuidado, como si cada punto reafirmara: “el amor libre”, “el nombre soñado”, “los colores que me representan”.

Esta pieza bordada es, en su conjunto, un gesto político y poético. En ella se entretejen:

La libertad de amar y nombrarse desde el deseo propio.

La visibilidad y validación de las identidades diversas, muchas veces silenciadas.

La afirmación del cuerpo como territorio de tránsito, ensoñación y expresión.


Luciana Torres transforma el bordado en un acto de escritura encarnada. Su obra no solo se observa, se escucha con el tacto, se siente con el cuerpo. Y en ese gesto de ternura radical, abre espacio para otras voces, otros nombres, otros sueños.
Negra77

sábado, 23 de agosto de 2025

muestra cristiana libre. obra de Monica Miranda


CRISTINA LIBRE – Muestra colectiva del Norte Grande. Arte como trinchera en defensa de la democracia, los derechos y la memoria.

Inaugurada ayer, 22 de agosto, en el Atelier Cultural de Ciudad de Banda (Av. Besares y Garay, La Banda – Santiago del Estero), esta exposición reúne obras de pequeño formato.

La muestra convoca a artistas de Chaco, Corrientes, Formosa, Misiones, Tucumán y Santiago del Estero, con curaduría de Marina Aranda.

La obra textil de Mónica Miranda se sitúa en una frontera fértil y provocadora: la que divide —y al mismo tiempo confunde— el diseño de moda con el arte contemporáneo. El bolso, en apariencia un objeto cotidiano y utilitario, se transforma aquí en un soporte crítico, un dispositivo de pensamiento que trasciende su función práctica.
El barroquismo de la pieza no es meramente estético; responde a una estrategia de saturación y exceso que busca cuestionar los límites de lo decorativo en una sociedad que suele relegar lo femenino al terreno de lo accesorio. Así, subvierte la lógica del ornamento: lo que podría parecer exceso formal se convierte en exceso de sentido.

La obra articula un gesto político en el que lo artesanal cobra un lugar central. Frente a la producción industrial y despersonalizada, el bolso se reivindica como objeto único, cargado de manos, tiempo y memoria. En este sentido,  devuelve dignidad a lo textil como territorio de resistencia, en línea con una genealogía de artistas mujeres que han hecho de la aguja, el hilo y la tela una práctica de insubordinación simbólica.

La bolsa-cartel funciona como plataforma discursiva: no es simplemente portador de objetos, sino portador de mensajes. Sus inscripciones, implícitas o explícitas, plantean preguntas sobre el lugar de la mujer en sociedades patriarcales y heteronormativas. El espectador/usuario no solo contempla la pieza: la activa, la carga, la lleva consigo. De este modo, la obra expande su campo de acción más allá de la sala de exhibición para insertarse en la calle, en la marcha, en el acto político de habitar el espacio público.

La obra  no se limita a interrogar la relación entre moda y arte; propone, más radicalmente, una reflexión sobre el cuerpo femenino como campo de disputa, sobre el peso material y simbólico de aquello que cargamos a diario, y sobre la potencia de transformar lo utilitario en emblema de lucha.
Lanegra77 

Muestra Cristiana libre.obra de Néstor Basualdo

CRISTINA LIBRE – Muestra colectiva del Norte Grande.Arte como trinchera en defensa de la democracia, los derechos y la memoria. 

inaugurada ayer 22 de agosto en el Atelier Cultural de Ciudad de Banda, Av. Besares y Garay, La Banda – Santiago del estero, una exposición de obras de pequeño formato.

La muestra reúne obras de artistas de Chaco , Corrientes ,Formosa misiones, Tucumán, Santiago del estero.
curaduría de Mariana Aranda.

La obra de Néstor Basualdo, artista de Santiago del Estero, se articula en un tríptico donde imagen y palabra dialogan para dar forma a una poética de la resistencia. Con trazos sobrios y un uso deliberado del blanco y negro, construye un lenguaje que interpela desde la crudeza de lo real y desde la potencia de lo simbólico.

El primer panel muestra a un manifestante con un cartel que reclama: “Ayúdame a luchar!!! El próximo viejo sos vos”. Allí el cuerpo aparece como soporte de la protesta, como lugar donde la fragilidad de la vejez se convierte en grito político. nos recuerda que la lucha de los mayores no es ajena, sino anticipatoria: tarde o temprano, la vejez alcanza a todos.

En el centro, un texto desnudo se impone con la pregunta: “¿Quién va a detenerte? ¿La muerte, la edad o la idea?”. Esta interrogación, de tono filosófico y existencial, abre un horizonte de sentido en el que la vulnerabilidad del cuerpo contrasta con la persistencia de las ideas. La muerte y el tiempo son límites ineludibles, pero la idea —como chispa colectiva— se proyecta más allá de ellos.

El tercer panel presenta ollas comunitarias rebosantes de comida, emblema de la organización popular y del cuidado compartido. recupera un signo cargado de memoria en América Latina: la olla popular como gesto de resistencia frente a la precariedad, como lugar de encuentro y sostén mutuo.

La obra, en su conjunto, establece un recorrido que va de la protesta callejera a la reflexión íntima y de allí a la acción comunitaria. Es un tríptico que no se limita a denunciar, sino que propone imaginar formas de sostener la dignidad en medio de la adversidad.

Con este trabajo, inscribe su práctica artística en un territorio donde lo estético y lo político se entrelazan. Su obra no busca decorar ni embellecer, sino interpelar y sacudir, recordándonos que la lucha, la memoria y la organización son también prácticas artísticas cuando se hacen imágenes capaces de movilizar
Negra 77

CRISTINA LIBRE – Muestra colectiva del Norte Grande. obra de Valentina Sánchez.

CRISTINA LIBRE – Muestra colectiva del Norte Grande. Arte como trinchera en defensa de la democracia, los derechos y la memoria.

Inaugurada ayer, 22 de agosto, en el Atelier Cultural de Ciudad de Banda (Av. Besares y Garay, La Banda – Santiago del Estero), esta exposición reúne obras de pequeño formato.

La muestra convoca a artistas de Chaco, Corrientes, Formosa, Misiones, Tucumán y Santiago del Estero, con curaduría de Marina Aranda. Durante los quince días que permanecerá abierta iré escribiendo sobre algunas de las obras que más me llamen la atención.

No se pierdan esta propuesta: la entrada es libre y gratuita.


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La obra de Valentina Sánchez, centrada en el bordado de camisas blancas, propone una relectura crítica de símbolos profundamente arraigados en la memoria colectiva argentina. Al intervenir manualmente estas prendas con hilos que dibujan sobre la tela, la artista activa un cruce entre lo íntimo y lo político, lo doméstico y lo histórico. El bordado —tradicionalmente relegado al ámbito del trabajo femenino y artesanal— se convierte aquí en un acto de resistencia y en una herramienta de denuncia.

La elección del soporte no es ingenua: la camisa blanca remite tanto a los descamisados del peronismo como a los guardapolvos escolares, dos íconos de lucha y de derechos sociales conquistados. Sánchez invoca estos referentes desde un presente en el que tales conquistas se ven amenazadas. Su gesto no es nostálgico, sino combativo. Cada puntada encarna un reclamo; cada hilo, una línea de memoria.

Sin embargo, la obra no cae en la literalidad ni en el panfleto: su fuerza radica en la tensión entre delicadeza y grito. La suavidad del bordado contrasta con la urgencia del mensaje. En esa fricción emerge una poética política que interpela no solo al espectador, sino también a los discursos dominantes que intentan borrar o desvalorizar los legados populares.

Sánchez consigue así que un objeto cotidiano —una camisa— se transforme en soporte de pensamiento, cuerpo simbólico y trinchera textil. Su obra recuerda que el arte no necesita gritar para ser radical, pero también que, a veces, hasta el silencio bordado puede convertirse en un grito de libertad.

Y es que la camisa, en su aparente neutralidad, alude también al cuerpo desde la ausencia: en un país atravesado por la memoria de los desaparecidos, ese soporte vacío cobra una densidad emocional y política imposible de ignorar.

Negra77

sábado, 19 de julio de 2025

Pachakuti desde jujuy . función en la Juana teatro .



En Pachakuti, la escena se convierte en un territorio de memoria, de denuncia y de transformación. Una mujer marrón ocupa el centro del espacio escénico.  representa, encarna. declama: habita. Su cuerpo racializado no es un símbolo, es una presencia real que interpela, que arde, que canta.

 La actriz, Flavia Molina, toma la palabra para hablar de su genitalidad, para nombrar la vagina y la vulva sin eufemismos ni pudores impuestos. En un sistema patriarcal que ha silenciado el cuerpo femenino —más aún el cuerpo racializado—, nombrar es un acto de soberanía.

Pero ella va más allá: decide hablar de la herida. La violencia obstétrica —sutil, sistemática, normalizada— irrumpe como núcleo temático. Lejos de victimizar, la escena se vuelve espacio de visibilización y poder.  hay un cuerpo que dice y que baila.

Baila.
Ella baila.
Canta, porque bailar es estar viva. Viva.

Y en esa danza, ese gesto vital, convoca a otras. A muchas. Las naranjas, presentes como elemento escenográfico, parecen absurdas al principio. Pero pronto se cargan de significado: frutas vivas, cuerpos redondos, órganos fértiles, símbolos de lo íntimo y lo colectivo. Ella las convida al público. Y así, lo poético se vuelve político.

A través de voces en off, se entretejen relatos de mujeres. Voces anónimas, múltiples, de distintas generaciones, que acompañan a la protagonista en una especie de revolución invisible. Como bien afirma la actriz sobre Pachakuti:

> “Una obra en la que se apalabra lo que fue silenciado y relegado, de los deseos más preciados, aquellos que mujeres de diversas generaciones, en sus distintas etapas de vida, atravesadas por la cultura patriarcal, han inhibido.
A través y dentro de imágenes y colores, ella relata un camino vivido donde se espeja la vivencia de tantas mujeres.
Hoy, en su nombre y el de tantas otras, pone en escena sus sueños, sus deseos, dolores, miedos y anhelos para abrazar, transformar y aceptar la vida.”



La dirección de Olga Chiabrando sostiene con sutileza y decisión esta dramaturgia íntima y a la vez colectiva.  hay una apuesta ética por la escucha y la presencia. La obra no busca entretener: busca despertar.

En tiempos en que lo espectacular arrasa con lo sensible, Pachakuti se planta como un gesto radical: devolverle al teatro su potencia de ritual, de espejo, de grieta. Un grito suave pero profundo que nombra lo innombrable, danza la herida y abraza la vida.

Negra77

martes, 1 de julio de 2025

La danza como forma de ganarle a la muerte



> “Bailar, bailar, de lo contrario estamos perdidos.”
—Pina Bausch

La danza no es sólo un arte escénico. Es una forma de existencia, una respuesta del cuerpo frente al destino común de la inmovilidad. Frente a la muerte, que es quietud, clausura, ausencia de ritmo, la danza irrumpe como persistencia, como afirmación rotunda de que estamos aquí, todavía, latiendo.

Danzar es un gesto de resistencia vital. Un acto liminal donde el cuerpo se niega a desaparecer sin antes vibrar, girar, lanzarse. En palabras de André Lepecki, el cuerpo en danza "rompe con la lógica de la captura", escapa a la función, al utilitarismo, a la muerte simbólica del cuerpo reducido a máquina. El bailarín desafía la gravedad no solo en el sentido físico, sino en el existencial: desafía el peso de la finitud.

> “La danza es un intento de alcanzar la belleza del instante antes de que desaparezca.”
—Maurice Béjart


El instante es frágil, fugaz. Pero es también el lugar donde la vida se hace presente. En cada caída y cada impulso, la danza afirma una voluntad de permanencia efímera. No se trata de inmortalidad, sino de intensidad. El bailarín no pretende vencer a la muerte en términos absolutos, pero sí ganarle tiempo, ganarle fuego, ganarle cuerpo.

Isadora Duncan, precursora de la danza moderna, decía: “Si pudiera decirte lo que se siente, no valdría la pena bailarlo.” Allí donde el lenguaje se quiebra, el cuerpo habla. Y su decir no es conceptual, sino encarnado. El bailarín dice con músculos, con articulaciones, con heridas y respiraciones. Dice que aún hay deseo. Y donde hay deseo, hay movimiento. Y donde hay movimiento, hay vida.

En la filosofía de Heráclito, “todo fluye”, y el cambio constante es la única permanencia posible. La danza es la encarnación más exacta de esta visión: lo que no cambia muere. El cuerpo que danza, aunque efímero, es eternamente presente. Como si en su fugacidad se volviera absoluto.

Nietzsche también intuía esto cuando escribió: “No podría creer en un dios que no supiera danzar.” En su filosofía, danzar es una metáfora del vivir auténtico: ligero, abierto al devenir, capaz de transformar el peso en gracia. En esa línea, el bailarín se convierte en una figura dionisíaca: traspasa la forma, se entrega al caos, y desde ahí produce sentido.

> “El cuerpo no es una cosa, sino una situación: es nuestro punto de vista sobre el mundo.”
—Maurice Merleau-Ponty



El cuerpo del bailarín no representa, sino que se vuelve mundo. Es cuerpo vivido, no solo en sí, sino con otros. Un cuerpo que resuena, que vibra con el espacio, con los cuerpos a su alrededor, con el suelo que pisa y con el tiempo que lo arrastra. Como un chamán, el bailarín media entre el visible y lo invisible, entre la tierra y lo inasible. En su hacer silencioso, se enciende la vida.

Estar vivo es moverse.
Y moverse es decidir, una y otra vez,
no dejarse caer del todo en el abismo.
Danzar, entonces, no es sólo crear belleza,
sino persistir en la vibración del deseo.

Ganarle a la muerte no es evitarla,
es hacerla temblar.

Negra77 

lunes, 30 de junio de 2025

¿De qué hablamos cuando hablamos de dramaturgia de la danza?



Cuando nos preguntamos qué implica hablar de dramaturgia en el ámbito de la danza, nos enfrentamos de inmediato a una paradoja: ¿es posible pensar en dramaturgia sin texto verbal, sin una línea argumental reconocible, sin personajes definidos ni diálogos? Esta pregunta nos invita a revisar y expandir la noción misma de dramaturgia, desplazándola más allá del dominio exclusivo de la escritura teatral tradicional.


En este sentido, hablar de dramaturgia de la danza no remite necesariamente a la existencia de un texto escrito o verbal, sino a la presencia de un discurso que opera como texto. Es decir, una unidad de sentido articulada a partir de una determinada materialidad —cuerpo, espacio, tiempo, movimiento, imagen, sonido— que construye significados en diálogo con un contexto sociohistórico determinado. La danza, por lo tanto, puede leerse como un texto expandido, donde la escritura no se inscribe en palabras, sino en gestos, ritmos, intensidades, desplazamientos y silencios.


Esta concepción reconoce que la danza produce sentido desde una lógica que no depende del lenguaje verbal, pero que no por ello es ajena al discurso. El cuerpo en movimiento se vuelve materia significante, y por tanto, susceptible de análisis. Cada elección coreográfica —ya sea compositiva, espacial, rítmica o energética— puede ser leída como parte de una construcción discursiva que no se clausura en sí misma, sino que remite a otros textos, a otros discursos, a otras memorias.


Así, leer una obra de danza desde su dramaturgia implica reconocer en ella una red de sentidos en tensión, una trama de relaciones entre elementos que la constituyen y los contextos que la atraviesan. Significa, además, asumir que todo texto —incluso el que se despliega desde el cuerpo— está siempre en relación con otros textos. Esta lectura intertextual no se limita a lo que se ve o se escucha en escena, sino que se expande hacia lo cultural, lo político y lo histórico, abriendo la danza a un campo de significación mucho más amplio.


En definitiva, pensar la dramaturgia de la danza es asumir que esta práctica no está exenta de discurso, sino que es en sí misma una forma de escritura. Una escritura que, aunque no siempre se lee con los ojos, puede ser comprendida en su espesor simbólico y material, en su capacidad de nombrar lo innombrado, de hacer visible lo invisible, de inscribir sentido allí donde el lenguaje verbal no alcanza.


Lo que anida, lo que late, lo que tiembla.

Una Vigilia de Gala para pensar la identidad viva de Santiago del Estero En el marco de un nuevo aniversario de la Madre de Ciud...