Una Vigilia de Gala para pensar la identidad viva de Santiago del Estero
En el marco de un nuevo aniversario de la Madre de Ciudades, la Vigilia de Gala 2026 propone mucho más que una celebración conmemorativa. Lo que anida, lo que late, lo que tiembla se configura como un ritual contemporáneo, un acontecimiento escénico donde la comunidad se reúne no solo para recordar su pasado, sino para producir colectivamente nuevas formas de habitar su memoria.
Lejos de entender la identidad como un patrimonio inmóvil, la obra parte de una concepción dinámica de la cultura. Como señalaba Augusto Raúl Cortázar, el folklore no sobrevive únicamente por la conservación de sus formas, sino también por su capacidad de proyectarse hacia nuevos contextos sociales y culturales. En ese sentido, la escena no reproduce el folklore: lo proyecta, lo interroga y lo vuelve contemporáneo.
La propuesta reúne a más de ciento cincuenta artistas en una creación donde la danza, el teatro, la música y las artes visuales dialogan para construir un lenguaje común. No se trata de una suma de disciplinas, sino de una experiencia donde cada lenguaje transforma al otro y donde la identidad aparece como una construcción colectiva antes que como una esencia fija.
Desde esta perspectiva, la tradición deja de ser un objeto de contemplación para convertirse en una práctica viva. El espectáculo evita toda mirada nostálgica o museográfica. No reconstruye un pasado idealizado; lo pone en discusión. Como advierte Silvia Rivera Cusicanqui, toda memoria que pierde su capacidad de entrar en conflicto con el presente corre el riesgo de convertirse en una imagen domesticada. La obra asume esa tensión y comprende que la tradición solo permanece viva cuando acepta transformarse.
La ciudad aparece entonces no como una arquitectura material, sino como una trama de relaciones. Santiago del Estero no es únicamente el espacio físico de sus calles o sus edificios. Es una comunidad de cuerpos, afectos, voces y memorias que se renuevan cada vez que vuelven a encontrarse.
En ese tejido dramatúrgico, el actor Franco Ibarra encarna al Sembrador de Casas, figura que atraviesa toda la obra articulando escenas, relatos y tiempos. Más que un personaje, funciona como una metáfora de la memoria colectiva. Siembra casas porque siembra vínculos; construye ciudad porque construye comunidad. Su recorrido recuerda que ninguna ciudad se funda exclusivamente con piedra o ladrillo: toda ciudad nace, antes que nada, de la posibilidad de compartir relatos.
La dramaturgia encuentra otro de sus ejes en la presencia de las mujeres. Antes que las casas existieron quienes hicieron posible el hogar. Mujeres que sostuvieron la vida cotidiana, transmitieron saberes y conservaron memorias muchas veces ausentes de los relatos oficiales.
La escena de los nombres constituye uno de los momentos más conmovedores del espectáculo. Al pronunciar nombres comunes de mujeres santiagueñas, la obra produce un gesto político de restitución. Nombrar es hacer existir. Nombrar es devolver presencia. Allí donde la historia silenció voces, la escena las vuelve a convocar.
El Sembrador de Casas y la escena de los nombres construyen conjuntamente una poética de la memoria. Uno siembra; la otra nombra. Entre ambos revelan que las comunidades no se sostienen únicamente sobre acontecimientos históricos, sino sobre los afectos que circulan entre generaciones.
Otro de los núcleos conceptuales de la obra aparece en la reflexión sobre el cuerpo de la danza folklórica. La contraescena protagonizada por Caro Jackas, Omar Silva, Rosi del Castillo y Ángel Acuña no enfrenta simplemente diferentes maneras de bailar. Pone en cuestión las formas en que el folklore ha imaginado históricamente sus cuerpos.
Conviven allí dos modos de comprender la tradición. Por un lado, el cuerpo disciplinado por convenciones estéticas heredadas. Por otro, un cuerpo atravesado por la experiencia, la memoria y las transformaciones del presente.
Esta tensión dialoga con las reflexiones de Judith Butler, para quien el cuerpo nunca constituye una realidad natural o acabada, sino un territorio producido por prácticas sociales, culturales e históricas. El folklore, entonces, no transmite únicamente pasos de baile: también transmite maneras de construir el cuerpo, de habitar el género, de comprender el movimiento y de representar la comunidad.
Desde otra perspectiva, Erika Fischer-Lichte entiende el acontecimiento escénico como una experiencia transformadora donde espectadores e intérpretes producen conjuntamente sentido. En Lo que anida, lo que late, lo que tiembla, la identidad no aparece representada como una imagen cerrada, sino que emerge en el mismo acto del encuentro entre quienes actúan y quienes observan.
Asimismo, la noción de performance desarrollada por Richard Schechner permite comprender esta Vigilia como un comportamiento restaurado: prácticas heredadas que nunca regresan idénticas, sino que cada nueva ejecución resignifica. Cada baile, cada canto y cada gesto conservan una memoria, pero al mismo tiempo producen una diferencia. Allí reside precisamente la vitalidad de la tradición.
Desde esa perspectiva, la danza folklórica deja de ser únicamente un repertorio coreográfico para convertirse en un espacio de pensamiento. El cuerpo ya no reproduce simplemente formas heredadas; reflexiona con ellas, las expande y las transforma. La tradición deja de ser un destino para convertirse en una posibilidad.
La dirección general del espectáculo, a cargo del Lic. Sergio Chazarreta y del Prof. Miguel Vivas, reúne un amplio equipo de artistas, docentes e investigadores comprometidos con una mirada contemporánea sobre el patrimonio cultural santiagueño. La dirección y creatividad integran las perspectivas del Lic. Mauricio Sarmiento, Prof. Nicolás Ávila, Prof. Mario Varas Ledesma, Prof. Silvana Ibáñez, Lic. Mariana Gorrieri, Prof. Eduardo "Dady" López, Prof. Sabrina Gallegos, Prof. Eugenia Fitipaldi, Prof. Elena Trouvé, Prof. Emanuel Rotondo, el colectivo Rey Moro, las artistas Javiera Bravo y Dolores Corrales, junto a la Prof. Daniela Medina y la Prof. Mariela Carbajal. La producción está integrada por la actriz nacional Elizabet Giménez Molinas, el músico Pablo Mema, la Prof. Gimena Luna y Rafael Abbo.
Más que un espectáculo, Lo que anida, lo que late, lo que tiembla propone pensar la Vigilia de Gala como un acto de producción cultural. Un espacio donde la comunidad no celebra una identidad concluida, sino que participa activamente en su permanente reconstrucción.
Porque las ciudades no se fundan una única vez. Se vuelven a fundar cada vez que una comunidad se reúne para cantar, bailar, nombrar a quienes la precedieron y preguntarse qué futuro desea construir. Allí donde la memoria se encuentra con el cuerpo, donde la tradición dialoga con el presente y donde el arte hace posible el encuentro, Santiago del Estero vuelve a nacer.
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