La hermenéutica, entendida como el arte y la teoría de la interpretación, ofrece una vía privilegiada para analizar obras de arte en relación con los contextos que las producen, las rodean y las transforman. Más que un método técnico, la hermenéutica es —en palabras de Hans-Georg Gadamer— “una experiencia de verdad que se realiza en el encuentro con la obra” (Verdad y método). Así, la obra no es un objeto aislado, sino un acontecimiento de sentido que se reactiva cada vez que alguien entra en diálogo con ella.
La obra como un texto abierto
La tradición hermenéutica moderna reconoce que toda obra de arte funciona como un texto abierto. Schleiermacher ya sostenía que interpretar exige “comprender el discurso primero tan bien y luego mejor de lo que lo comprendió su autor”, señalando que el texto posee virtualidades que exceden la intención original.
Paul Ricoeur retoma esta idea y la profundiza: “El texto se emancipa de su autor y se proyecta hacia nuevos mundos posibles” (Del texto a la acción).
En este sentido, la obra de arte no se agota al momento de su creación; vive y se multiplica en el tiempo.
El contexto como horizonte de sentido:
Contexto histórico
Wilhelm Dilthey, fundador de las ciencias del espíritu, señala que “las obras del espíritu solo son comprensibles desde la vida histórica que las produce”.
Esto implica que el análisis artístico demanda atender a la época en que surge: sus valores, inquietudes, rupturas estéticas y transformaciones culturales.
Contexto sociopolítico
La obra dialoga con su entorno social. Ricoeur describe este diálogo como “el espesor del mundo” que rodea a toda creación. Una pieza de arte feminista en los años 70, por ejemplo, no solo es estética: también es política, histórica y experiencial.
Contexto biográfico
Dilthey aporta que “la obra es expresión de una vivencia”, aunque esa vivencia no la agote. La biografía del artista ilumina rutas interpretativas, pero no impone una lectura única.
Contexto material y técnico
La forma misma es portadora de sentido. Gadamer indica que “la obra dice algo por el modo en que aparece”, y que su materialidad es parte constitutiva de su significado.
Contexto de recepción
Cada época lee la obra de un modo distinto. Ricoeur lo explica así: “Interpretar es actualizar el mundo del texto en la situación del lector”.
El sentido nunca está cerrado; se expande o desplaza con cada nueva mirada.
La fusión de horizontes
Hans-Georg Gadamer formula uno de los conceptos más influyentes de la hermenéutica: la fusión de horizontes (Horizontverschmelzung).
Según él, “comprender no es ponerse en el lugar del otro, sino poner en juego el propio horizonte con el del texto”.
La interpretación no consiste en reconstruir el pasado tal como fue, sino en dejar que obra y lector se transformen mutuamente en el presente.
El círculo hermenéutico
Martin Heidegger señala que “toda interpretación se mueve ya dentro de lo interpretado” (Ser y tiempo). Este movimiento —del todo a las partes y de las partes al todo— es el círculo hermenéutico.
Lejos de ser un obstáculo, es la estructura misma de la comprensión: nunca empezamos desde cero; siempre estamos implicados en lo que buscamos entender.
Tomemos La joven de la perla de Vermeer:
Sin contexto, la apreciamos como un retrato sensible.
Con contexto histórico, se ilumina el arte holandés del siglo XVII.
Con contexto sociopolítico, se leen las condiciones de género y moral vigentes.
Con contexto de recepción, entendemos cómo se transformó en ícono global.
Gadamer diría que la obra “no es lo que fue, sino lo que sigue siendo” cada vez que nos habla.
Interpretar como acto ético
La hermenéutica contemporánea también comprende la interpretación como responsabilidad.
Ricoeur afirma que “comprender es comprenderse frente al texto”, es decir, situarse en diálogo con la obra y con el mundo que la rodea.
Toda lectura implica una toma de posición, consciente o no, en las dinámicas de sentido, poder y memoria.
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