lunes, 15 de septiembre de 2025

La macabra apropiación del Nunca Más por La Libertad Avanza

El “Nunca Más” constituye en Argentina un pacto ético fundacional. No es sólo el título del informe de la CONADEP, sino la cristalización de un consenso social que se alzó contra el terrorismo de Estado: memoria, verdad y justicia como horizontes innegociables. Sin embargo, como recuerda Beatriz Sarlo, la memoria es siempre un campo de disputa, nunca un terreno apacible. Allí donde la sociedad acuerda en un sentido, también emergen fuerzas que intentan reescribirlo.

La reciente apropiación de la consigna “Nunca Más” por parte de sectores ligados a La Libertad Avanza pone en evidencia esta batalla por el sentido. El gesto es macabro porque convierte una promesa colectiva de no repetición de crímenes de lesa humanidad en un eslogan político que puede ser usado para cualquier agenda. Se desplaza su referencia original —el terrorismo de Estado— para aplicarlo a otros fenómenos, a veces incluso para victimizar a sectores históricamente hegemónicos.

Esta maniobra no es ingenua: es un acto de vaciamiento semántico. Desanclar el “Nunca Más” de su relación con las víctimas de la dictadura implica desactivar su potencia histórica. Lo que fue un recordatorio del horror se vuelve un comodín retórico, capaz de ser utilizado incluso por discursos que relativizan el genocidio.

En términos performativos, esta reapropiación busca producir un nuevo relato histórico: uno en el que la transición democrática ya no sea el triunfo de los derechos humanos, sino el inicio de un supuesto ciclo de victimización de las “mayorías silenciosas”. Así, el consenso de 1983 es puesto en duda, no para complejizarlo, sino para desarticularlo.

Hay en este gesto algo de necropolítica: una política de la memoria que juega con los muertos, con su dolor, para legitimar nuevos proyectos de poder. La macabra apropiación del Nunca Más es entonces un síntoma de la fragilidad de los pactos democráticos. Allí donde parecía existir un acuerdo irreversible, se reabre el riesgo de que la historia se repita —no necesariamente en su forma exacta, pero sí en su capacidad de producir exclusión, violencia y silenciamiento.

Defender el Nunca Más no es defender un pasado inerte, sino insistir en su vigencia como acto de memoria viva, capaz de resistir estas operaciones de manipulación simbólica. Porque si el Nunca Más se convierte en un eslogan vacío, lo que está en juego no es solo el recuerdo de las víctimas, sino el futuro mismo de la democracia
Negra77 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

La falsa libertad: cuando el gesto ya sabe lo que es "La performance "

La falsa libertad: cuando el gesto ya sabe lo que es La performance nace históricamente asociada a una promesa de ruptura: desobedecer al ob...