jueves, 11 de septiembre de 2025

Cristina como ícono: entre la política y la devoción



Sobre la obra El amor no se condena, de Tacuara Martínez
La obra de Tacuara Martínez condensa, con notable precisión, un fenómeno central de la cultura política latinoamericana: la sacralización de la figura política. El marco de hierro forjado, con volutas y corazones, evoca los altares populares dedicados a santos, vírgenes o figuras milagrosas. Allí donde suele aparecer la Difunta Correa, el Gauchito Gil o San Cayetano, emerge aquí Cristina Fernández de Kirchner.

El collage multiplica su rostro en distintas escenas, siempre sonriente, rodeada de flores, banderas o gestos de saludo. El sol radiante detrás de la imagen central opera como halo, como aura que eleva a la dirigente al registro de lo sagrado. La inscripción “Cristina Libre” funciona de manera ambivalente: es consigna política y, al mismo tiempo, plegaria devocional.

La pieza exhibe cómo la política argentina contemporánea excede los programas de gobierno o las disputas institucionales para desplegar un imaginario afectivo y religioso. Aquí la líder deja de ser solo dirigente para convertirse en ícono, objeto de veneración y promesa de redención colectiva. El altar laicizado convierte la consigna en liturgia y el gesto militante en rito popular.

Obras como esta plantean un debate necesario: ¿qué sucede cuando el fervor político se apropia de los lenguajes de la fe? ¿Fortalece la comunidad o debilita la distancia crítica? El amor no se condena no ofrece una respuesta; más bien, interpela. Y en ese cruce —entre política, religión y cultura popular— reside tanto su potencia estética como su riesgo ideológico.
Negra76

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